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lunes, 18 de abril de 2011

1Q84, Libros 1 y 2, de Haruki Murakami

Es especialmente apropiado hablar en estos momentos de Murakami por tres razones. En primer lugar, como conspicuo representante de una sociedad golpeada por fuerzas desatadas: naturales e inevitables unas, artificiales y sustituibles otras. Además, su vida ya se vio afectada en 1995 por otro seísmo, el que tuvo lugar en la ciudad de Kobe y que contó con sus padres entre los damnificados, dando lugar a su retorno a Japón y a la posterior publicación del libro de relatos “Después del seísmo”.

En segundo lugar, porque acaba de recibir el XXIII Premio Internacional de Catalunya; y por último, porque se publican ahora en nuestro país los dos primeros libros de su obra 1Q84, novela, que por sus elementos fantásticos, podemos considerar próxima a otras suyas anteriores como El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas o Kafka en la orilla.

Precisamente en esta última, Murakami puso, de manera significativa, en boca de uno de los personajes la frase de Goethe: “todas las cosas de este mundo son una metáfora”, porque, así como Auster ve las recurrentes casualidades de sus textos como “las rimas de la gramática de la existencia”, para Murakami la vida está repleta de metáforas, aunque no siempre sea fácil encontrar el segundo término de la comparación. Y en ese sentido, no podemos evitar buscar tras los elementos fantásticos que nos presenta, ese segundo nivel de significación que sentimos oculto pero intuimos revelador.

Todo esto es especialmente cierto en esta novela, donde las pistas (el concepto de “sombra” de Jung, la comparación con la novela de Orwell,…) son insistentes, y nos encauzan hacia una lectura en clave psicológica.

Así, mediante capítulos alternos, vamos pasando del mundo de 1984 a otro, 1Q84, que resulta tener las mismas características que el descrito en la novela La crisálida de aire, inspirada y desarrollada, respectivamente, por dos de los personajes principales. Y es en este mundo alternativo, al que algunos personajes van accediendo, donde la “sombra” aparece como una duplicación tanto de personas como de cosas, porque quienes habitan 1Q84 ven dos lunas en el cielo y tienen un doble que es “la sombra de su corazón”, y que, si seguimos a Jung, representaría su lado oscuro, constituido por todo lo reprimido y oculto en el inconsciente.

Además, los personajes que crean dichas “sombras” parecen emparentados con el Gran Hermano orwelliano o, desde el punto de vista de la psicología analítica, con el lado más represor del superego. Porque, como dice uno de los personajes: “Hemos vivido con ellos (…) desde los albores de la conciencia humana”, y en otro lugar: “En este mundo [1Q84] no existe nada que no salga de los adentros de uno mismo”.

Pero también encontraremos otras cosas: una vengadora de maltratadas, el mundo de las sectas, el papel de la religión (el Dios que lo ve todo: ¡ese sí que es un Gran Hermano!), el aislamiento y la soledad en las sociedades urbanas…, y todo eso mediante el sereno fluir de la prosa sencilla y con un toque zen del más occidental de los escritores orientales.



Rafael Martín

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